Un anciano con expresión ausente, aparentemente derrotado, abandonaba el lunes el Tribunal Supremo en Londres escoltado por sus abogados, portavoces y guardaespaldas. Era el multimillonario egipcio Mohamed al Fayed, de 79 años. La sentencia de un jurado anónimo, leída unos minutos antes en la sala, derribaba sin contemplaciones el edificio de dudas, sospechas, cabos sueltos atados a otros cabos, construido por este hombre en torno a la muerte, en accidente de tráfico, de su hijo Dodi, junto a la princesa Diana de Gales.
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